Ya sabemos que el yogur de vaca tiene unos efectos muy beneficiosos para nuestro intestino, no se trata solo de la capacidad que tiene de mantener viva nuestra flora intestinal, también sabemos que es capaz de reducir los niveles de colesterol, haciendo bajar los riesgos de fallos cardiovasculares.
Es simplemente un alimento que dada su transformación química, de una forma natural, se hace mucho más digerible y más sano.
Por sus propias características, tiene una caducidad muy larga, pero sus propiedades beneficiosas empiezan a bajar su potencial de actuación a partir del mes de su fabricación, por ello la caducidad no es superior a 28 días.
Siguiendo con la línea de envasado de nuestros postres lácteos, el interior de la tarrina, guarda un auténtico tesoro de sabor que recuerda a los yogures de antes.