Este postre es el fruto de la originalidad, de la búsqueda de algo que el mercado no había ofrecido antes.
Su elaboración es costosa y lenta, pero el resultado vale la pena.
Con leche de vaca pasterizada, no uperizada, se le agregan ingredientes tan dispares como nata, licor de manzana sin alcohol, queso blanco o canela, y para rematar su exclusividad, el caramelo de manzana hará que el conjunto sea una sorpresa para los paladares más exigentes.
La textura y el sabor sorprenden a quien lo prueba, a nadie deja indiferente. Es suave pero con cuerpo, dulce pero no empalagoso. Es muy original.
La elaboración artesana nos hace insistir en ese tamaño óptimo de la olla de seis litros, donde removiendo con paciencia, evitamos que se queme la leche o el queso mezclados, aún a fuego lento, para luego, tarrina a tarrina, ir llenándolas.